Me siento cansada, sacando fuerzas para seguir cumpliendo los sueños que aún tengo, pero con mucho menos tolerancia; o la verdad, prefiriendo darle la razón a alguien -aunque sepa que estoy en lo cierto- que discutir, porque ya no tengo las fuerzas ni el tiempo ni las ganas de discutir. Prefiero tener paz a tener la razón.